Palacio de Buenavista
Museo Nacional de San Carlos


Marisol Pardo Cué.


Enclavado en la vieja calzada de Tacuba, hoy Puente de Alvarado número 50 en la colonia Tabacalera, se encuentra uno de los edificios novohispanos más hermosos y sui géneris de nuestra ciudad: el Palacio de Buenavista que desde el exterior, con su espléndida fachada curveada y remetida, parece dar la bienvenida al visitante.

Su disparatada historia merece ser contada. Este palacio fue construido entre 1798 y 1805 por encargo de la marquesa de Selva Nevada, Antonia Gómez Rodríguez de Pedroso y Soria, en los terrenos que antiguamente fueran de la hacienda de San Francisco de Borja, propiedad de los jesuitas, la cuál fue comprada en remate por el padre de doña Antonia una vez que los sacerdotes fueran expulsados de Nueva España. La marquesa tenía proyectado regalar la casona a su hijo menor que no heredaría el mayorazgo pero a quién ya había entregado el recién adquirido título de conde de Buenavista.

Desafortunadamente, la muerte sorprendió al fallido heredero antes de terminarse la obra, de tal suerte que pasó a manos de su hermana, doña maría Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez, segunda marquesa de Selva Nevada, por lo que también se le conoce com Palacio de Pinillos o de Selva Nevada.

El edificio, producto del ingenio de celebérrimo arquitecto valenciano Manuel Tolsá –creador, entre otros, del Real Seminario de Minería, del Palacio del conde del Apartado, del proyecto del Hospicio Cabañas, de la última parte de la Catedral Metropolitana, del ciprés de la Catedral de Puebla y de la ahora más famosa estatua ecuestre de Carlos IV, mejor conocida como “El Caballito”- sorprende desde el inicio por su majestuosidad y su elegancia y por haber sido desarrollado en torno al espléndido patio oval que recuerda el que Pedro Machuca construyera para Carlos V en la Alambra de Granada. La fachada principal, realizada en cantera, fue curveada y remetida por el arquitecto para vestibular el acceso y anunciar el patio. Además, ofrece una combinación interesante de espacios abiertos y cerrados, de líneas rectas y curvas, dadas por la combinación de ventanas, pilastras, puertas, columnas, frisos, frontones, cornisas y florones. Según los especialistas, en esta fachada se fraguan y entrelazan magistralmente el barroco y el neoclásico: el primero en el remetimiento curvo y el segundo en su simetría racional.



Sin embargo, lo que más llama la atención del edificio, por su original diseño, es el patio oval, único en Latinoamérica, diseñado a partir del trazo de una elipse enmarcada
por un rectángulo y rodeado por una columnata de veinte pilastras de capitel toscano en el primer nivel y de columnas jónicas en el segundo que proyectan un dramático juego de
luces y sombras.

Mientras fue residencia, en la planta baja se distribuían los espacios públicos y los destinados a la servidumbre mientras que arriba se acomodaban las habitaciones privadas
junto con el salón de dosel y el de estrado para recibir a las visitas. Ambos niveles se encuentran conectados por una espléndida escalinata ubicada en la esquina posterior
derecha del patio y que anunciada por una serie de columnas toscanas monumentales, arrancan en una rampa que se divide en dos en el descanso recordando la que el mismo
arquitecto realizara para el Palacio de Minería. Se sabe que en su momento, la residenci contó con una capilla y diversas dependencias domésticas.

La fachada sur daba al jardín, a la huerta y a un olivar pertenecientes a la residencia, cuyos modestos vestigios se pueden ver hoy en un jardín público, conocid actualmente como el Buenaventura, en la parte posterior del edificio. Su simetría y ritmo, su combinación de vanos y pilastras, balaustradas y florones, recuerdan a la de la fachada principal aunque ésta es mucho más sobria. Aquí, un entablamento ornamentado con triglifos se extiende a lo largo de toda la portada, lo que le da una cierta continuidad en medio de la fragmentación. Al centro un pórtico rodeado de columnas dóricas sustentan una terraza superior desde donde antiguamente se podría ver una magnífica vista tal y como se observa en el cuadro de Francisco Javier Álvarez.




Con el fin de saldar algunas deudas, la segunda marquesa de Selva Nevada vendió el inmueble al conde Antonio Pérez Gálvez, coronel del Regimiento Provincial de Dragones, cuyos descendientes la mantuvieron hasta la venida del segundo imperio. Se sabe que por su belleza y fama, el primer emperador mexicano, Agustín de Iturbide, la ocupó como residencia y que incluso, por su ubicación privilegiada, proyectó crear ahí un “barrio imperial” donde se concentraran las dependencias oficiales, escuelas, academias, hospitales, iglesias, un campo militar, cementerios y algunos atractivos como baños públicos, plazas, un jardín botánico y una “casa de fieras”. La caída del imperio frustró estos planes. Se tiene noticia que entre 1823 y 1827, la casa fue sede de la primera legación diplomática del Reino Unido en México y que entre 1840 y 1843 fue arrendado al tercer conde de Regla, Pedro José María Romero de Terreros, quien la utilizó como gabinete para atesorar y mostrar los curiosos objetos que había coleccionado a lo largo de su vida y como repositorio de los animales raros que tenía en su hacienda de la Teja. Curiosamente este fue su primer uso como museo. Según don Artemio del Valle-Arizpe, en el verano de este año el general Antonio López de Santa Anna pasó allí una temporada.

Tras dos décadas de relativo abandono la casa fue adquirida durante la regencia francesa que antecedió al segundo imperio, el de Maximiliano, quien la entrego como dote a la joven esposa del mariscal Bazaine, Pepita de la Peña, para que juntos la habitaran. Allí, se sabe, en 1865 se celebró un gran baile en honor de los emperadores. En 1867, tras la restauración de la República, Benito Juárez la adjudicó a José Rincón Gallardo, en retribución por los servicios prestados durante la intervención francesa, quien pronto la vendió a la familia Iturbe. Ya en el siglo XX, durante el porfiriato, parte de su huerto fue adquirido por el gobierno para construir el inconcluso Palacio Legislativo –hoy monumento a la Revolución- lo que nos da una idea de su extensión.

En 1928, los Iturbe despojaron a la casona de su antiguo uso residencial para arrendarla a la Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y Cía, fábrica que le dio el nombre a la colonia porque ahí se tenía proyectado establecer una pequeña ciudad fabril que nunca se llevó a cabo por el posterior traslado de la industria a Toluca. Entonces, el inmueble fue ocupado otros pocos años por la Lotería Nacional. En 1939 fue adquirido por don Agustín von Schulzenberg, último propietario particular del palacio, quien en 1946 lo rentó a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas para instalar ahí la Dirección de Aduanas.
En 1953, a la muerte de Schulzenberg, la Beneficencia Pública tomó la posesión del antiguo palacio y a partir de 1958, se instaló ahí la Escuela Nacional Preparatoria número
4 de la UNAM.

En 1965, en otro giro de tuerca, el antiguo palacio fue asignado a la Secretaría de Salubridad con la idea de que ahí se estableciera una Escuela de Salud Pública. Ello dio pie a la restauración del edificio a cargo de la historiadora Alicia Grovet, del restaurador Jorge Medellín y de los arquitectos Joaquín Álvarez Ordóñez, Manuel de la Sierra e Hilario Galguera, los cuales se abocaron a devolver al edificio su esplendor original. Finalmente, esta idea fue también desechada y reemplazada por otra mucho más afortunada: destinar el edificio a la actividad museológica aprovechando el empuje que ella tuvo en la década de los 60 en que se inauguraron los museos de Antropología, el de Arte Moderno, el de Historia Natural y el del Virreinato. Fue el ex presidente Adolfo López Mateos, entonces presidente del Patronato del Museo de San Carlos, quien en 1966 propuso al presidente Gustavo Díaz Ordaz aprovechar el otrora Palacio de Buenavista para albergar la colección que entonces se encontraba en las añejas instalaciones de Academia 22. El edificio fue cedido entonces a la Secretaría de Educación Pública que a su vez lo adjudicó al Instituto Nacional de Bellas Artes para cumplir el objetivo. Así, en 1968 se fundó ahí el Museo Nacional de San Carlos donde se exhibe lo que fuera la colección de los maestros europeos (desde el siglo XIV hasta principios del siglo XX) perteneciente a la Escuela Nacional de Bellas Artes -antigua Academia de San Carlos- y otras piezas realizadas por los propios maestros y alumnos de la Academia o provenientes de colecciones particulares que han sido donadas al museo a lo largo del tiempo.

Ante las necesidades creadas por el nuevo uso, el Patronato del Museo adquirió el predio de la esquina de Puente de Alvarado y Ramos Arizpe para edificar, entre 1988 y 1994, bajo la dirección del arquitecto Héctor Mestre, un anexo de dos plantas que se destinó a algunas áreas de servicio como auditorio, dirección, las oficinas de curaduría e investigación, de los servicios educativos, de difusión, relaciones públicas y biblioteca.

Dentro de su acervo, organizado en la exposición permanente por estilos y regiones, existen varias joyas de antiguos maestros como Cranach, Andrés de Concha Franz Hals, Rubens, Tintoretto, Zurbarán, Goya, Ingres, Clavé, Landesio y Sorolla, en las que valdría la pena detenerse y que seguramente darán para un artículo posterior.

De este modo tanto por sus tesoros, como por el magnífico cofre que los resguarda, vale la pena ir a conocer este edificio que ya forma parte de la historia política económica, social y cultural de nuestra ciudad.




Miguel Noreña Joaquín Ramírez
Vicente Guerrero, 1865.



Joaquín Ramíre Vicente Guerrero, 1865. Jesús arrojando a los mercaderes del Templo, 1857.
BIBLIOGRAFÍA.
Guadalupe Lozada León, “El Palacio del conde de Buenavista en el ‘barrio imperial’ de la
Ciudad de México”, en Relatos e historias en México, año VII, núm. 74.

Louise Noell, “El Palacio de Buenavista. De casa de campo a museo”, Artes de México,
Museo Nacional de San Carlos, núm. 91, octubre 2008.

Marco Antonio Silva Barón, “La casa del Conde de Buenavista. Una labor de amor”,
consultado en http://aryamarc.blogspot.mx/2014/07/la-casa-del-conde-de-buenavista-
una.html el 22 de junio del 2015.