El Partenón de los libros:

la historia de la censura



Anitzel Díaz

La historia de la censura del mundo se escribe con la ceniza de libros quemados. En mayo de 1933 más de 20 mil libros fueron destruidos en la Alemania Nazi. En el 2017 Marta Minujín, artista conceptual argentina, construyó un Partenón en Kassel Alemania, con casi 70 mil libros para la exposición documenta. Al finalizar el evento la pieza fue desmantelada y los libros donados a lectores.



“The Parthenon of Books” como se llama la instalación; es un eco del templo griego, una postura estética y visual contra la censura; una biblioteca ambulante. La pieza original fue concebida y construida en 1983 en Buenos Aires al finalizar la dictadura militar. En ese momento fue la utopía de la democracia, la respuesta a la necesidad de la libre expresión de las ideas. Fue la solidez de la construcción con el pegamento de libros como vehículos del pensamiento. Para la pieza de Alemania (que se erigió en el parque Friedrichsplatz donde fueron extinguidos los libros en los 30´s) Minujín se asoció con la Universidad de Kassel y los profesores Nikola Roßbach y Florian Gassner para compilar una lista de libros que actualmente están prohibidos en varios lugares del mundo. Estos ejemplares fueron el soporte del Partenón.



Hoy la premisa fue poner la cultura en el centro de la situación global. Una crítica, bella, fuerte y original al hecho de callar el murmullo de la historia. En la era de la híper información, que el acto de la censura es casi un hecho incendiario, la instalación se levanta como un abstracto tangible. Hoy no se queman libros, pero sí se silencian palabras. En el 2015 doce periodistas fueron asesinados en las instalaciones del semanario satírico francés Charlie Hebdo. En México solo este último año han muerto 15 periodistas.  Desde el 2000, han sido 145.



Aunque cada vez se democratiza más la libre expresión -las redes sociales han abierto el espacio para que todos seamos, si queremos, periodistas; escritores -todos somos censores.  Normas sociales, estereotipos, nacionalidades… inscriben en nuestro bagaje cultural la censura. En países como China, Arabia Saudí, Irán o Egipto el uso de internet se restringe; el pensamiento se controla. Cuba apenas vislumbra un mundo sin censura.



En México en 1814 la Constitución de Apatzingán, en aras de garantizar una mayor protección al incipiente periodismo, estableció que nadie podría prohibir a ningún ciudadano la libertad de hablar y manifestar sus opiniones mediante la imprenta.



El gesto del arte contemporáneo es a veces percibido como invisible. Es cuestionado y anulado. Pero a veces es permanente.






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Marta Minujín, artista conceptual y performer argentina, comenzó su carrera como pintora. Fue a partir de la década de 1960 que comenzó a usar materiales que no se consideraban materia prima para la producción de piezas de arte "apropiados", como colchones y cajas de cartón. Actualmente el trabajo de Minujín tiene que ver con la participación del espectador.



La documenta es una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo. Desde 1955 se lleva a cabo cada cinco años (en un principio, cada cuatro años) en Kassel, Alemania, y dura 100 días.


Publicado en La Jornada Semanal