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Carlos Alejandro

«Brave New World», decía el titular del The New Europeanel día que Inglaterra amaneció, pese a todo, en cuarentena. Nuestra sociedad valiente, con sus teléfonos omnipotentes y sus drones, parecía sucumbir en un pestañeo ante un enemigo invisible, un fantasma, un espectro. Durante meses la única salida fue al súper. Siempre por la misma calle, el mismo camino. La extrañeza era doble. Al principio, el acuartelamiento se vertió fuera de los locales cerrados, de la vida social, a momentos quería ir al súper, sin necesidad, para aliviar la inquietud, para sentir que se podía hacer algo. Yo también fui un espectro en medio de la ciudad muerta. Pero la sensación de vacío adentro me acercó a lo que antes me provocó tanto desasosiego. La calle, esa calle, la misma de todos los días, se volvió un espacio tan íntimo como mi cuarto. Me supe fantasma entre fantasmas…